Las mujeres promiscuas salvarán a la humanidad

La poligamia parece ser vital para evitar la extinción de una especie. Hombre o mosca, el sexo con múltiples parejas amplía la multiplicación de las especies.

Según se puede extrapolar del trabajo del recientemente fallecido antropólogo Levi-Strauss, el lenguaje surgió para manifestar el “no” y crear un necesario tabú: prohibir el incesto y luego la poligamia en la pertenencia y en la sexualidad. Pero si cierta castidad en algún momento nos llevó a evolucionar, decir sí, la promiscuidad, es lo que nos permite seguir existiendo y evolucionando.

Esto es lo que se conoce como poliandra, el fenómeno compartido entre las especies en el que las hembras tienen múltiples parejas. Un reciente estudio publicado en Current Biology sugiere que la poliandra reduce el riesgo de que las poblaciones se extingan debido al nacimiento exclusivamente de hembras.

Esto pude suceder debido a una distorsión en la proporción sexual de los cromosomas, que resulta en que el cromosoma Y masculino ‘muera’ antes de ser fertilizado. Una generación de puras hembras llevaría la distorsión del cromosoma de proporción sexual, el cual eventualmete se heredaría a sus hijos, resultando en más poblaciones de hembras hasta el punto en el que los hombres desaparecerían.

Así que —si bien este escenario suena afortunado para los últimos sementales que habitarían en un mundo femenino en permanente orgía, intentando pasar sus cromosomas masculinos— es en el interés de la preservación de una especie que las hembras tengan varias parejas, ya que esto reduce la posibilidad de que la proporción sexual del cromosoma sea sólo femenino.

En el estudio realizado con nuestras drosoparientas, las moscas, una población monogámica se extinguió en tan solo nueve generaciones. Así que se podría decir con policromía hippie exultante: La promiscuidad salva al mundo (además de que  evita la neurosis), un canto cósmico a la diversidad vital.

O, en dimensiones más terrenas, está ahí ese otro canto universal (universitario), que solía entonar una amiga antropóloga: “Poligamia, hongos y orgía: arriba la facultad de antropología”.

Vía Scientific Blogging

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