Investigando el mundo swinger de Madrid

Una pareja de reporteros de el diario El Mundo, decidieron adentrarse al mundo del “swinging” para reportar desde sus entrañas. Esta sofisticada versión de la poligamia consiste básicamente en acudir a ciertos bares o fiestas, acompañado de tu pareja, con la explícita intención de intercambiarla con alguien más durante un encuentro sexual. La práctica se popularizó a partir de la revolución sexual detonada en la década de los 60´s y a partir de entonces el número de asiduos adeptos a esta dinámica ha ido en constante aumento.

swingers

Aún considerada por muchos como una dinámica un tanto patológica, lo cierto es que existen ciertos códigos de comportamiento en torno al swinging y es un “estilo de vida” que gradualmente se ha ido sofisticando. Las primeras instrucciones que recibieron los reporteros que se hicieron pasar por una simple pareja de primerizos fueron: “Hay tres normas que tenéis que cumplir. La primera es que la pareja va siempre junta. La segunda es que sólo se puede fumar en el bar y en este pasillo. Y la tercera, que debéis respetar a los demás. Si no queréis participar, no respondáis a los reclamos, nadie insistirá. En eso consiste el respeto en un club de ambiente liberal como éste. Bienvenidos”.

Tras ingresar al club de swingers en Madrid, cuyos datos encontraron en la red, no tardaron en llegar a una conclusión,  “más allá de la barra, sólo hay sexo, mucho sexo y nada más que sexo”. Marta Vivar, quien narra su experiencia desde el punto de vista de la mujer novata describe así su introducción al club nocturno: El espacio que nos recibe es oscuro y cálido. Hay una barra blanca, ondulada, dos camareros y algunos clientes. En una pantalla están pasando una película pornográfica. Mientras esperamos a nuestra cicerone, observo que prácticamente el 90% de las clientas llevan falda y supongo que es para facilitar las maniobras sin necesidad de desnudarse”.

Tras cruzar distintos parajes de este frenético mar de cóitos, finalmente la expectante pareja de reporteros llega a lo que les indican como la pista de baile. Sin embargo, en esta pista de baile nadie baila, más bien es un desfile de tumultuosa fornicación “Es una habitación más bien pequeña, con un columpio de cuero negro en el centro, en el que la música está bastante más baja que en el resto del local. Da igual, porque nadie baila. En realidad es una habitación para tocar y ser tocado. Las parejas se frotan entre sí, unas contra otras, se hacen felaciones de pie, cunnilingus, penetraciones por detrás (no me atrevo a aventurar si anales o vaginales) y todo el mundo está invitado a tocarse.

En cuanto a Fermín Braco, además de haber sido una experiencia un tanto estrepitosa para su conciencia cotidiana, una vez afuera del lugar, ya adentro de la seguridad del taxi, no puede evitar reconocer el paradójicamente pulcro código que rige el caos de fluidos: “Me meto en el taxi con una pregunta más. Si lo que he visto esta noche fuera lo cotidiano en nuestro día a día, ¿existirían locales conservadores para personas monógamas? Lo único de lo que estoy seguro es que si la gente se respetara fuera lo mismo que ahí dentro, la vida sería un poco más sencilla. Y más placentera, sin duda. Lección aprendida.”

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